Lecciones que no deben olvidarse

La muy previsible derrota del derechista Nicolás Sarkozy en la elección presidencial francesa del domingo 6 de mayo, debiera dejar algunas lecciones inevitables y hasta inolvidables, sobre todo para conservadores y liberales unidos.  ¿La primera? Que el cargo de Presidente de la República no es un sillón que se puede pintar de color rosado, es decir, que no  se puede farandulizar gratuitamente, rebajando la dignidad presidencial,  hasta el colmo del hazmerreir de medio país.   En Estados tan presidencialistas como Chile o Francia, cuando el Presidente estornuda sonriente ante las cámaras, es todo el país que se resfría de descrédito.

¿La segunda? que la derecha tiene que volver a mirarse el ombligo para sanar sus carencias sociales, su amnesia histórica, su sordera ante las multitudes y su perplejidad arrogante ante las masas, porque dentro de esas masas y esas multitudes están esos cientos de miles de ciudadanos que se sienten engañados y frustrados por haberles dado el voto creyendo que iban a hacer el cambio.  Sarkozy trató de imponer su visión neoliberal sesgada, a lo mejor repitiendo los mismos errores de sus antecesores “progresistas”, tal como Piñera hoy en Chile copia alegremente las mismas políticas de sus antecesores, pero, esta vez,  la gente se cansó de esperar el cambio prometido…

No es un problema solo de conservadores o liberales, porque dentro del mundo asi llamado “progresista”,  también pululan insospechados conservadores demasiado liberales y progresistas demasiado conservadores.

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