Cuando la guerra la hacen mal los militares

No hay peor fracaso de los militares que cuando hacen mal la guerra y -peor aún- la pierden.  Ellos que son preparados y entrenados como profesionales de la guerra y cuya función esencial es evitarla y  ganarla en el evento que se produzca, no tienen mayor fracaso en el arsenal de la incompetencia castrense que preparar, planificar y organizar mal la guerra.

Es el caso de los militares golpistas argentinos que en 1982 embarcaron a cientos de miles de soldados y a un país entero, en una guerra que no supieron preparar ni ganar.  El Informe Rattenbach, de la comisión de análisis de las causas de la derrota argentina en las Falklands, que aquí presentamos in extenso, es un vergonzoso compendio de la mala planificación y de la chapucería castrense a un costo humano estrepitosamente caro y elevado.  Su lectura es una notable lección de análisis estratégico.

Inicialmente los militares argentinos en 1982 planificaron invadir las islas Falklands y permanecer solo 5 días, para forzar a Inglaterra a negociar…mientras las huelgas y manifestaciones ciudadanas de protesta contra la dictadura se incrementaban en todo el país.

Después, cuando el conflicto ya lo habían desencandenado, decidieron permanecer en las islas invadidas, con tropas inexpertas, mal alimentadas, mal abastecidas, mal entrenadas, mal equipadas, mal dirigidas por oficiales incompetentes, conforme a una planificación insuficiente que no calculó las dimensiones y contundencia de la respuesta británica, que estimó mal el rol de Estados Unidos, que calculó erróneamente el momento de la invasión (a mediados del otoño y en los inicios del invierno austral)…

Lamentable también reconocer que esos militares argentinos, que fueron demasiado competentes para torturar y asesinar a su propio pueblo a la hora del golpe militar de 1976, fueron demasiado incompetentes a la hora de defender el territorio que decían que les pertenecía.  De donde puede desprenderse una lección inevitable: que los oficiales y militares golpistas y torturadores son los peores defensores de la soberanía nacional.  Algo que no solo Argentina ha demostrado.

En la guerra de 1982, Clausewitz debe haberse dado varias vueltas en su tumba.   Sigue siendo cierto aquello de que “la guerra es un asunto demasiado serio, como para dejarla solo en manos de los militares…”

Lea el informe Rattenbach en su versión original:

http://www.casarosada.gov.ar/component/content/article/108-gobierno-informa/25773-informe-rattenbach

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