Cuando la religión sirve como arma política

En su forma superficial, la religión (las religiones monoteístas en general), cumplen la doble función social de servir de tubo de escape existencial  y muro de contención (y de los lamentos) hacia un paraíso futuro frente al dolor y sufrimientos del presente,  y como vía de comunicación con los dioses (o el dios) que cada cultura se fabrica para si misma.

En el convulsionado mundo de hoy las religiones cumplen además una poderosa función política: servir como arma moralista y como herramienta conservadora de resguardo del desigual orden existente.  La religión -sobre todo en sus formas más conservadoras, puritanas y reaccionarias- cumple en las campañas electorales (como en la espeluznante campaña republicana a la presidencia de EEUU o en las elecciones legislativas de Iran) la función de sustento ideológico del sistema, de fanatismo puritano, de máscara de limpieza y perfección para los candidatos y de símbolo de la rectitud de ciertos valores, en desmedro del pluralismo, la libertad, el libre albedrio o la tolerancia.

No se extrañen de observar que detrás de todo fanatismo conservador religioso se esconden el machismo, el racismo y el paternalismo de los que mandan.

Amin Maalouf escribe en “Las identidades mortales”: “toda práctica discriminatoria es peligrosa, incluso cuando se ejerce en favor de una comunidad que ha sufrido…” (Maalouf, A.: Les identités meurtrieres. Paris, 1998.  Ed. Grasset, p. 172), indicando de paso que la discriminación (sexual, racial, territorial, religiosa…) es siempre una bomba de tiempo social que le estallará en la cara a quienes la desencadenan.

Las identidades religiosas -llevadas a su extremo absolutista- sirven hoy como arma de destrucción individual y masiva y de discriminación del adversario, del inmigrante, del no creyente, del negro, del asiático, del pobre, del joven, del ateo, del antisistema, del desheredado, del sin-domicilio, de la lesbiana, del extranjero, del anciano, del vecino diferente, de la prostituta, del homosexual, del comunista, del evangélico, del árabe, del gitano,  del palestino,del discapacitado,  del hebreo…dando forma a un terrorismo religioso y cultural disfrazado de sacralidad y que abusa de la credulidad de la multitudes.

Abre los ojos, mira alrededor tuyo y dime cuáles son las discriminaciones que observas.

En otras sociedades, las instituciones religiosas (judías, católicas, evangélicas, ortodoxas, islámicas) sirven a las clases y elites dominantes como rígido marco de clasificación de la pureza moral y de la rectitud ética, instaurando silenciosamente la dictadura moral de la mayoría o bordeando el fanatismo intransigente de la minoría.

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