La cultura patagónica que trataron de borrar

En la desvastadora carnicería humana y psicológica que significó la implantación del “modelo” neoliberal de mercado en el mundo (acaso tan masiva y brutal, como la entrada a saco de los conquistadores europeos a América) , la Patagonia chileno-argentina fue usada como coto de caza, espacio primario de explotación de recursos naturales y campo de exterminio social de una cultura pionera y de frontera, que estuvo al borde de desaparecer.

Pueblos enteros de las pampas patagónicas, creados alrededor de la explotación petrolífera desde los años cincuenta (YPF en Argentina, ENAP en Chile), dieron  vida e hicieron posible el poblamiento, forjaron un modo de vida solidario, familiar y hogareño, donde se mezclaron los inmigrantes chilotes y europeos.  La manera patagónica de “hacer patria”,  creó una cultura patagónica de pioneros, ovejeros y obreros industriales, que a costa de mate, cordero, viento, truco, frío y soledad, hicieron de las pampas australes un lugar posible de vivir, trabajar, amar y crecer.

Después, cuando se instaló este capitalismo de desastre en los años ochenta, esos pueblos y campamentos petroleros fueron abandonados, desmantelados, desguasados, silenciados y las familias dispersas.    El Estado fue vaciado de su contenido pionero, productivo y constructor y convertido por los vendepatrias neoliberales, en una mera máquina burocrática sometida al mercado.

Pero, los patagones, pioneros y porfiados, siguen vivos…