Desnudando nuestras verguenzas

A fines del siglo XIX, cuando la Patagonia era territorio de colonización casi sin dios ni ley y campo abierto al negocio del exterminio de aborígenes, matar a un selknam o un tehuelche, era bien pagado.  En Magallanes y en la Tierra del Fuego, poderosos señores como los Menendez o los Nogueira (que algunos historiadores incluso llaman elogiosamente como “pioneros”), pagaron primero una libra esterlina por oreja, pero como no funcionó ese disuasivo porque los aborígenes seguían merodeando sus campos, pagaron una libra esterlina por nariz, y finalmente cuando no había remedio porque esos selknam porfiados seguían rondando en sus propias tierras ancestrales, ahora cercadas por los estancieros, los administradores de estancias pagaron una libra esterlina por cabeza.

Las pampas patagónicas australes están manchadas de sangre para siempre, manchadas de sangre y de verguenza, porque aquellos aborígenes que lograron escapar de la bien pagada cacería de Popper y sus criminales mercenarios, fueron llevados como ovejas a las misiones salesianas de Isla Dawson y Rio Grande, donde esos hombres, mujeres y niños aborigenes patagónicos desarraigados fueron muriendo de nostalgia y de enfermedades de los blancos … pero morían sabiendo rezar en latin…

El tiempo pasa, pero las verguenzas quedan.

Con el paso de los años, el maltrato, la segregación y la discriminación, la violación de los derechos humanos, las promesas incumplidas y el histórico saqueo a las tierras ancestrales de los mapuche, siempre nos trae a la memoria la cruda verdad del siglo XIX, que comenzó con la “guerra a muerte” en los años de 1820…

Es cosa de leer el libro “La guerra a muerte: memoria de las ultimas campañas de la guerra de la independencia, 1819-1824” de Benjamin Vicuña Mackenna, que relata en detalle las matanzas de mapuche en los campos del sur de Chile, al término de la guerra de la independencia.

Pero estamos en el siglo XXI.

Y ahora, un siglo y medio después, el atropello constante y el hostigamiento a los mapuche y sus comunidades nos vuelve a dejar desnudos de verguenza ante la comunidad internacional, trayendo al presente escenas terribles del pasado, pero dejando en el presente, escenas por las que nuestros hijos y nuestros nietos seguirán sintiendo verguenza en el futuro.

¿Esta es la mejor imagen de Chile ante el mundo en materia de trato a los pueblos originarios..?.

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